domingo, 26 de junio de 2016

Interacciones masculinas aquí y allá

Dos hombres se encuentran en la terraza de un bar justo antes de la puesta del sol, cuando el calor ya ha permitido salir de los espacios acondicionados por el aire frío y fabricado.

Cada uno de ellos —tanto el que llega como el que ya estaba— está acompañado por una mujer. Los tipos se reconocen, se saludan con voz gutural. El que llega se acerca mientras el que ya estaba levanta la mano pidiendo un high five, que resuena por el entusiasmo del otro.

La pareja que llegó entra al bar. Salen. Quizá no les gustaron las ofertas. Se despide del conocido. Exige un nuevo high five pero el que estaba en la terraza se lo intercambia por un abrazo. Se levanta de su silla, alza los brazos, se dan tres, cuatro palmadas en la espalda mientras intercambian información de sus planes del resto del verano. En tres segundos. Se separan.

Las chicas sólo miran. No dicen una palabra.

El abrazo termina y en seguida recuperan el espacio de su burbuja. El recién arribado se aleja con su compañera mientras, de perfil, termina de explicar con parcas frases (aún guturales) lo que hará durante el verano. Sendas frases al unísono cortan la conversación.

El encuentro. Uno se fue. Otro se quedó.

¿Qué tipo de abrazo fue ese? Por cinco segundos pareció que sus acompañantes no existían. Dieron la impresión, con ese abrazo, de haber compartido algún momento entrañable en el pasado. Pero sólo fue digno de esos escasos segundos. Nada más.

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Yo le doy otro trago a mi cerveza en la silla de al lado y me pregunto cómo habría sido la misma escena en México.

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1- El que llega
2- El que estaba

(1 chifla a unos diez metros de distancia. 2 voltea, reconoce, sonríe y regresa el chiflido).

1- ¡Qué pedo, mijo! ¡Qué gustazo, cabrón! ¿Cómo estás? (levanta la mano para darle un apretón).

(2 se levanta como impulsado por un resorte y responde el apretón de manos, seguido por el respectivo abrazo más otro apretón que sella el saludo). 

2- Bien, wey, qué gusto verte. No mames, ya tenía un buen… Mira, te presento a X2.

1- Ah, mucho gusto, soy 1. Ella es X1.

(Las chicas se saludan de beso y también a los dos tipos).

1- ¿Qué has hecho, cabrón? ¿Qué se toman?

2- Una micheladita, le quedan buenas al José. Entren por unas.

1- Eso le decía a X1. Aguántenme aquí, voy a pedirle un par y seguimos el coto. Ahorita vengo, X1.

(Le da un beso en la mejilla. Luego una palmada en la espalda a 2. Entra. Sale con dos micheladas y botana. Los 3 que se quedaron afuera ya están hablando de alguna anécdota que 1 y 2 compartieron en el pasado. 1 se integra a la conversación soltando una carcajada para revivir aquellos momentos juntos…).


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Mi conciencia vuelve a la terraza del bar gringo en este atardecer que, con mi cerveza, evaporó la ensoñación de México. Releo lo escrito y me doy cuenta de que, aunque exagero, no sería difícil que la segunda escena sucediera en realidad. Ha sido la nostalgia de estar lejos la que la ha elaborado así. Opto por dar el último trago y me voy. 

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